Hans J. Massaquoi, un niño negro en la Alemania nazi.

Esta es la historia de Hans J. Massaquoi, un niño nacido de la unión del cónsul general de Libia y una enfermera alemana en tiempos del alzamiento nazi.  
Hans, en 1933

Hans antes de llegar la supremacía de la raza aria ya estaba marcado por el color de su piel, formaba parte de los llamados bastardos de Rhineland (hijos de mujeres alemanas que habían tenido hijos con soldados franceses después de la ocupación de la I Guerra mundial). Su problema se incrementó cuando cumplió seis años y los nazis llegaron al poder. Al principio estaba tan obnubilado como todos los demás niños y pensaba que el problema también radicaba en los judíos: "Como todos los niños, estaba fascinado por la parafernalia nazi. Los uniformes, las banderas y los desfiles nos encantaban. Para mí, igual que para mis compañeros, Hitler estaba ya envuelto en una aureola casi divina que le protegía de cualquier culpa o crítica".

En 1934 recuerda Hans "Cuando una hermosa mañana de 1934 llegué a la escuela, nuestro maestro de tercer grado comunicó a la clase que el director había dado la orden de reunir en el patio al alumnado y el cuerpo docente. Allí, ataviado con el pardo uniforme nazi que solía vestir en las grandes ocasiones, el director anunció que ‘el más esplendoroso momento de nuestras jóvenes vidas’ era inminente, que el destino nos había escogido para estar entre los agraciados por la fortuna de contemplar a ‘nuestro amado führer’ con nuestros propios ojos. Era ése un privilegio, nos aseguró, que nuestros hijos aún no nacidos y los hijos de nuestros hijos envidiarían en tiempos venideros. Yo tenía entonces ocho años y no había advertido que, de los casi seiscientos chicos congregados en aquel patio, era el único a quien Herr Wriede no se dirigía"

Las cosas para Hans comenzaron a cambiar según iba creciendo el poder de los nazis, al principio formar parte de la minoría negra no había radicado de importancia, había podido continuar una vida casi normal sin las desventajas judías. Pero llegó el momento en que no pudo utilizar los columpios del parque porque estaban reservado a la raza aria, su madre fue despedida por haber tenido el hijo de un negro, los profesores judíos comenzaron a desaparecer de las escuelas.

Su maravilloso mundo nazi se eclipsó el día que fue a visitar un zoológico junto a sus compañeros rubios y blancos, y en una de las jaulas había una familia de africanos. Uno de los niños le señaló y le gritó que los negros de la jaula habían tenido un hijo. No solo le dolió que fuese ridiculizado en público por su piel si no que hubiesen encerrado en una jaula a una familia como si fueran animales.

El adoctrinamiento le llevó a querer incorporarse a las juventudes hitlerianas "Hitlerjugend" pero fue rechazado por ser una persona de segundo nivel aunque fue durante esta época donde se desligó del régimen, dentro del círculo de las juventudes vio las barbaridades que se estaban realizando en nombre del programa nazi.

Hans prosiguió su vida trabajando en una fábrica y sobreviviendo. Vivió hasta los 83 años y fue recogida en su biografia: "Testigo de raza. Un negro en la Alemania nazi"  donde se recogen una gran frase "deseo que todo el mundo pueda tener una infancia feliz en una sociedad justa."







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